Público de Boardgames VS MTG

Por Pedro Goldin Juegos de Mesa Otros Polémica en Geek Out Juegos de Mesa

Mucho antes de quitarnos los guantes y pelear sucio hagamos, al mejor estilo de los hermanos Buffer (los ñatos del “¡let’s get ready to ruuuumble!”), una breve introducción de nuestros contrincantes:
En esta esquina tenemos al juego de cartas por excelencia: ¡Con 27 años de edad y un peso de unos 35 millones de jugadores! Es versátil, es rápido, es divertido, y quiebra billeteras más rápido que nadie: ¡Magic The Gathering!

Y en la otra esquina el retador: ¡con una edad dudosa de 25 años, unos incalculables kilos y creciendo: ¡Los Juegos de Mesa Modernos!

Recuerden escuchar mis indicaciones durante la pelea y protéjanse en todo momento, mucha suerte, y toquen guantes.

Ok. Arranquemos con MTG.

Fue creado por Garfield, pero no el que estás pensando, aunque probablemente él también coma lasaña y odie los lunes. El juego fue pensado como un filler para pasar el tiempo entre partida y partida de Dungeons and Dragons. 

Arrancó como un set de cartas coleccionables y mucho se hubiese sorprendido nuestro amigo Garfield si le hubiésemos dicho, en aquel entonces, que tenía entre manos el que sería el juego de cartas más popular del mundo, rivalizando incluso al propio D&D. 

Si bien las partidas son rápidas, dinámicas y la premisa base del juego es muy sencilla; la enorme cantidad de cartas que se fueron sumando a lo largo de los años hacen que sea muy difícil de aprender de cero. 

El juego está pensado bajo un set de reglas fijas, pero cada carta rompe alguna regla a su manera. Por ende, si bien MTG es un juego sencillo, va adquiriendo miles y miles de asteriscos que tuercen o rompen completamente sus reglas básicas. Como se imaginarán, esto lo vuelve particularmente abrumador en un comienzo.

Sin lugar a dudas, hay motivos por los cuales el MTG se ha mantenido vigente tantos años; esos asteriscos que mencionamos funcionan como arma de doble filo, en tanto dificultan la entrada a jugadores nuevos; pero revitalizan y amplían el gameplay para los veteranos, con cada nuevo set que ve la luz del día. Esto ocurre cada año, en tanto se lanzan cuatro colecciones de Magic nuevas que se añaden al formato en forma de sets. 

El diseño es francamente espectacular y las adaptaciones que han hecho a múltiples plataformas demuestran un esfuerzo formidable que, sin lugar a dudas, da sus frutos. En gran parte gracias a esto, MTG está (discutiblemente) en su mejor momento.

Ahora, noten no he mencionado nada sobre el público. Excelente observación, queridísimo lector. 

El público de MTG tiene síndrome de “el único alumno que hizo la tarea”. Le costó hacerla, y la profe está por pedirla. En el recreo todos van a venir corriendo a pedírsela. Ok, se las va a pasar… pero a regañadientes. Quizás incluso se guarde algún pequeño detalle para garantizarse la nota más alta. 

Como se imaginarán entonces, los jugadores de Magic puede que enseñen a jugar a otros amigos cercanos o  a familiares. ¿Pero a un desconocido? Meh, ya hay suficientes jugadores, muchas gracias. 

Y si un jugador nuevo se atreviera a abandonar la frontera de sus aposentos para dirigirse a los tan temidos Clubes de Magic, alias sótanos de madres distraídas, y comete el más pequeño de los errores en las miles de millones de posibles interacciones que hay entre las cartas…pues no queda otra que sacrificarlo ¿no? Vilmente, de ser posible. 

En definitiva, es un juego muy divertido, pero que es cruel con quienes quieren iniciarse en el mismo, con la posible excepción de los tutoriales del flamante Magic Arena (la versión web). Posee, además, una comunidad muy cerrada: los chistes son sólo de Magic. Su dinero va sólo a cartas nuevas o, a lo sumo, a protectores. Sus amigos YA saben jugar. Vos que no sabes, no vales la pena. Aprende por tu cuenta y después veremos si sos digno de su tiempo.

Y eso sin siquiera mencionar el hecho de que uno puede haber estudiado el juego, comprado algunas cartas, confeccionado un humilde mazo, e ir a jugar, sólo para encontrarse con un especialista que ha destinado DÉCADAS de su tiempo a confeccionar un mazo mejor, mucho más caro, y posiblemente sacado de alguna página de internet. 

Ese jugador no tiene ningún deseo en tener un enfrentamiento limpio o parejo. No no, ese jugador quiere aniquilarte y después contárselo a sus compañeros del Club. 

El inicio para un jugador nuevo es verdaderamente cruel.

Del otro lado del ring, tenemos los juegos de mesa modernos, a los cuales nos referiremos de aquí en más como Boardgames, por una cuestión de franca vagancia. Ahorremos de entrada todo debate de tipo: “¡hey! Los juegos de mesa técnicamente son milenarios y blablablá”. Ok, sí. Pero a motivos prácticos hablaremos de aquellos desarrollados Post-Ola-Catán.

Aclarado ese punto podemos decir que es difícil hablar de un sólo formato para todo lo que hace al mundo del Boardgame en particular. Estamos hablando de cientos de juegos. Miles. 

Es por eso que los jugones; dícese del grupo de seres que, ávidos de iniciar un movimiento propio usan nomenclaturas nuevas a diestra y siniestra; comenzaron a catalogar sus vastas ludotecas con nombres técnicos con los que aunar de alguna manera sus enciclopédicas ludotecas. 

En criollo: comenzaron a llamar Party-Games a los juegos que involucran a mucha gente, con muchas interacciones sociales; o Resource Management a aquellos en los que hay que administrar recursos para ganar. Sí, ¿No se la esperaban, no? 

Esperame que tengo una más: ¿Sabés cómo le dicen a los juegos en los cuales tenés que colocar una pieza o trabajador en un lugar para obtener un recurso? Worker Placement. Brillante ¿No? Sehh.

En fin. Hay verdaderamente de todo. Y los jugadores de éstos juegos, a diferencia del público de MTG, nada quieren más que aumentar siempre las filas de jugadores de ese juego en particular que aman, o acaso necesitan a alguien más que lo sepa jugar para tener una excusa para comprar y agregar uno más a su ya kilométrica lista de juegos. 

Hey, pero es un win-win. Vos aprendés a jugar, y ellos sienten que están justificados en comprarse algo nuevo.

Con contadas excepciones, uno siempre inicia a jugar en las mismas condiciones, en tanto las piezas son las mismas para todos, equilibrando el juego. 

Sí sí, no te alteres. Es verdad que hay juegos asimétricos y o jugadores que abusan de alguna mecánica por haber jugado el juego 251 veces. No obstante, mal que mal la situación no es la misma que con los jugadores de Magic.

Ahora bien, el problema está, como todo en la vida, con los extremos. Dentro del público de los jugones, están quienes se consideran puristas. Ellos se ven como los verdaderos descubridores del género. Algo así como los Colonos del Boardgame. 

Este grupo, lamentablemente, no disfruta un juego a menos que vea en el mismo un sinfín de piezas, 200 reglas, y que una partida dure no menos de 4 horas. Como se imaginarán, este tipo de jugadores no piensan demasiado en expandir el público de lo que juegan. 

Serán menos amables con newbies en tanto los considerarán impuros. 

“¿¡Cómo se atreven a disfrutar un juego excelente, pero del 2002!?” “¿No entienden acaso estos plebeyos que el Catán es una porquería?” “¡Ese juego lo puede jugar cualquiera! ¡Tanto mejor jugar al putnamehere-darkness-empire-collectors!” “¡Ese sí es un juego para los puristas!”

Pero bromas aparte, la principal diferencia en la audiencia de MTG y la de los Boardgames, es que la segunda se nutre de incrementar su audiencia. Pocas cosas le divierten tanto a un jugador de juegos de mesa como enseñarle a otro su juego favorito, así jamás se hayan visto ¡o nunca más vuelvan a hacerlo!

Al ser cada juego un pequeño universo en sí mismo, las partidas contemplan que los jugadores posiblemente sean primerizos. (pssst secreto Robert: posiblemente esos sean sus jugadores favoritos)

Es cierto que al igual que con otros hobbies hay algún que otro purista, pero la realidad es que son los menos. El mundo de los Boardgames es uno que se enorgullece en tener siempre las puertas abiertas a newbies, que saca el pecho cuando el contraste entre quienes se sientan en la mesa, ya sean abuelos, nietos, militares, pacifistas, ateos o religiosos, queda completamente eclipsado por la aventura que están embarcando.

Bienvenidos sean.




 

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