Polémica en GeekOut! ¿Cooperativo o competitivo?

Por Federico Fontana Otros Polémica en Geek Out

Al momento de poner un juego sobre la mesa todos sabemos que hay una gran cantidad de posibilidades, tantas como juegos existen en nuestras ludotecas. Pero en algún momento, cuando nos juntamos con gamers por ejemplo, tomamos una decisión que no está influenciada por el nivel de dificultad o la cantidad de horas que toma un juego.

Cada vez que tenemos la posibilidad de sentarnos a jugar mi primer pregunta es ¿cooperativo o competitivo? Pero eso también es un poco relativo, al final de cuentas, jugar es siempre una experiencia cooperativa.

Y antes de que empiecen los gritos permitanme decirles que si, se lo que es un juego cooperativo. Pero incluso en el medio de un intento de salvar al mundo, pegarle a los mutantes malos o escapar de alguna parte medio siniestra, una parte de nosotros quiere competir con los demás para ser el centro, los mejores o las estrellas. Los coop se prestan mucho para esto porque la competencia contra el tablero nos iguala, generando un deseo de destacar en nuestra pequeña sociedad para convertirnos en leyendas y contar la historia como los vencedores que somos.

Y tal vez es cuando menos influencias para elegir un juego tenemos, cuando más afloran aquellas características personales con las que concurrimos al tablero.

Jugar se asocia comúnmente a la competencia. En nuestra cultura más aún porque asociamos el término a eventos donde alguien demuestra que es mejor que los demás, por ejemplo en las competencias atléticas cuyo pináculo son los "Juegos Olímpicos". Y es cierto que éste pensamiento (ya muy desactualizado) se corresponde con la mayoría de los productos que pueden llegar al público no informado, esos juegos culturales (backgammon o el ajedrez) o tradicionales (monopolio, risk) los cuales trabajan la rivalidad entre los jugadores como forma de resolución de sus mecánicas internas.

Pero hay más elementos que se ponen en juego. Sea cual fuere el juego, un elemento muy humano se pone también sobre la mesa. La personalidad, la relación, esos son los elementos que muchas personas privilegian en éste tipo de vínculo. Más allá del reglamento, todo juego de tablero necesita un componente humano para desarrollarse. No hay cosas que sucedan sin una mano (y la correspondiente mente tras ella) y eso hace evidente que existe un tipo de relación entre el tablero y las personas que lo juegas, y entre las personas también.

Desde el momento que nos sentamos juntos alrededor del tablero, construimos algo que va más allá de nuestro juego, nuestra mesa, o nosotros mismos. Cuando nos sentamos construimos una sociedad, que tiene reglas particulares, una dinámica única y un objetivo preciso: jugar un juego. Es en éste punto en el que la cuestión se pone interesante porque siempre que nos juntamos estamos cooperando para que el juego suceda, no para unos o para otros, sino para el grupo. Y desde ese punto de vista, todos los juegos son cooperativos.

Lo más copado que tiene la cultura de los juegos de mesa es que cuando nos juntamos no importa quien sabe o quien no, no hay mejores o peores. Hay un grupo de personas que se unen para lograr un fin común, y esa finalidad es una experiencia en conjunto. Es una verdadera acción desinteresada, desde que alguien compra un juego y lo comparte con el resto. Y creo firmemente en que eso enaltece al ser humano, y nos enseña como podría funcionar el mundo si pudiésemos accionar de esa manera en todos los niveles de nuestras interacciones.